domingo, 2 de octubre de 2016

La lluvia y las amapolas




    La lluvia siega amapolas
    con sus azadas blancas de luna y plata.
  
    Otras flores se esconden,
    se defienden del viento y la tormenta;
    sólo quieren morir a solas
    en las manos del que se enamora
    y quiere contar sus pétalos, uno a uno,
    como días o como noches.
   
    Las amapolas, sin embargo,
    se dejan desangrar en las aceras
    como granos de granadas,
    y pintar campos de batallas del amor,
    del vino y las alfombras.

    La lluvia y las amapolas son el destino,
    son ese fugaz momento en el que descubres
    que todo estaba escrito en un único instante.
 

lunes, 12 de septiembre de 2016

Los poetas descalzos





Los poetas vamos descalzos,
pisamos la tierra y sentimos las piedras
clavarse como agujas de sal entre las llagas.

A los poetas también nos da calor la hierba
y nos abraza el aire de poniente,
como una madre que recuerda
que aún somos niños desnudos en la playa.

Los poetas hablamos con el mar,
usamos los dedos para trazar hilos de luna
que viajan hasta la orilla y allí se quedan.
A veces, hundimos las manos en las fuentes frías
y buscamos monedas perdidas por los amantes.

Los poetas tenemos brocales de pozos escondidos
donde asomamos
a festejar la frescura de lo oscuro sin vuelta;
nos gusta el vértigo,
la palabra infinito y el final del universo.

Los poetas pisamos el fuego,
y a cada paso dejamos
cenizas escritas con tinta de nubes negras.
Los poetas reímos y lloramos barro,
dormimos atrapados entre montañas
de soledad, y desvelamos enigmas
como el amanecer o el silencio.

Los poetas vamos caminando
y escribimos versos de lluvia y sangre,
sabemos que la vida cabe en una caja
y que el amor se puede sentir
en un único verso.